El origen común: el berilo
La esmeralda y la aguamarina pertenecen a la familia del berilo, un mineral que en la naturaleza se presenta en distintos colores según los elementos que lo acompañen en su formación. Esta conexión hace que ambas compartan una misma raíz, pero con personalidades muy diferentes.
La esmeralda: intensidad y misterio
La esmeralda se distingue por su profundo color verde, resultado de la presencia de cromo y vanadio en su composición. Es una piedra asociada con la sabiduría, la esperanza y la renovación, aunque también es reconocida por su carácter exigente: es dura, pero con baja tenacidad, lo que la hace más delicada frente a golpes o fracturas.
A lo largo de la historia, ha sido símbolo de poder y misticismo, utilizada en civilizaciones antiguas y en las joyas más icónicas de la realeza.
La aguamarina: serenidad y claridad
La aguamarina, en cambio, se forma con trazas de hierro que le dan su característico tono azul. Su nombre proviene del latín aqua marina, “agua del mar”, y transmite perfectamente lo que inspira: calma, frescura y armonía. Ha sido considerada la piedra protectora de los navegantes y hoy es símbolo de transparencia y claridad de sentimientos.
Dos gemas, dos formas de expresar emociones
Aunque comparten origen, la esmeralda y la aguamarina representan emociones distintas. La primera habla de intensidad, profundidad y misterio; la segunda evoca serenidad, equilibrio y confianza. Ambas son gemas versátiles que, más allá de su uso en joyas, cargan con un fuerte simbolismo que las hace únicas.
En ADRIA, la esencia de cada gema importa
En ADRIA Joyería trabajamos con gemas naturales cuidadosamente seleccionadas, diseñando piezas en oro de 18k que combinan estética, técnica y significado. Creemos que cada piedra tiene su propia voz, y nuestro trabajo es realzarla en creaciones que cuenten historias auténticas.







